Jorge Montero
“Bueno, podríamos volver a pasarlos por la máquina para que no se olviden de esto”, sugirió Von Wernich a uno de los guardias que custodiaba a dos detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata en 1977. Eran Zacarías Moutoukias y Jorge Gilbert, estaban lavándose para ser liberados.
El 5 de julio de 2007 comienza el
primer juicio a un miembro de la iglesia por homicidios, secuestros y
asesinatos durante la última dictadura militar, Christian Federico Von Wernich,
ex capellán de la policía bonaerense.
”El sacerdote Von Wernich nos visitó y nos dijo que no debíamos odiar. A
pesar del miedo que teníamos, no pude aguantar y le dije que difícilmente se
podía sentir amor si había cinco personas torturándolo a uno. Contestó que
nosotros debíamos pagar por lo que habíamos hecho, que debíamos pagar con
torturas, con muertes o con lo que fuera necesario porque éramos culpables.
Héctor Baratti le preguntó qué tenía que pagar su hija, que tenía días. El
sacerdote le respondió que su hija pagaba por lo que habían hecho sus padres.” Luis Velazco, que estuvo secuestrado
en la Comisaría quinta de La Plata, relató ante la Cámara Federal de esa ciudad
su encuentro con el sacerdote Christian Von Wernich en el centro de detención
donde estaba cautivo. Explotó Von Wernich, intentando sin éxito descalificar a
Velazco, “el testigo falso es el demonio,
porque está preñado de malicia”.
Un aluvión de testimonios expuso la participación del sacerdote en delitos de lesa humanidad en los centros clandestinos de detención Puesto Vasco, Cot I Martínez o el Pozo de Quilmes. Por ejemplo Julio Alberto Emmed, integrante de la policía bonaerense relató: ''Se desciende a los tres cuerpos de los ex subversivos que en ese momento estaban vivos. Los tiran a los tres sobre el pasto, el médico les aplica dos inyecciones a cada uno, directamente en el corazón, con un líquido rojizo que era veneno. Dos mueren pero el médico da a los tres como muertos. Se los carga en una camioneta de la Brigada y los lleva a Avellaneda. Fuimos a asearnos y cambiarnos de ropa porque estábamos manchados de sangre. El padre Von Wernich se retiró en otro vehículo. Inmediatamente nos trasladamos a la Jefatura de Policía donde nos esperaba el Comisario General Etchecolatz, el padre Christian Von Wernich y todos los integrantes de los grupos que habían participado en el operativo. Allí el cura Von Wernich me habla de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido; me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país. Estas fueron sus palabras textuales..."
En una de las audiencias del juicio
al ex capellán, el tribunal escucha boquiabierto la demanda de una testigo,
Estela de la Cuadra: "El silencio de
Bergoglio es atronador y vergonzoso. ¿Dónde está Bergoglio? ¿No tiene una
palabra para decir sobre este juicio?", reclamando al por entonces presidente
del Episcopado, que se pronunciara sobre el sacerdote juzgado por homicidios,
torturas y privaciones ilegales de la libertad. Estela es hermana de la
desaparecida Elena de la Cuadra y tía de Ana Libertad, una beba nacida en
cautiverio y en manos de sus apropiadores. Elena había sido secuestrada a
principios de 1977 junto con su esposo, Héctor Baratti. Estaba embarazada y dio
a luz a una nena en el centro clandestino de detención que funcionó en la
comisaría 5a. de La Plata. Sus
padres, desesperados, habían pedido por su hija desparecida en el Vaticano ante
Pedro Arrupe, superior de la orden de los jesuitas. "Arrupe les aseguró que en unos días más, cuando se juntara con
Bergoglio en Brasil, por una reunión de los sacerdotes de esa orden, le
encomendaría que ayudara a mi familia", relató la testigo. "Mis padres se reunieron en 1978 con
Bergoglio, en Buenos Aires, con la intención de que les diera información sobre
Elena y Ana Libertad"… solo silencio como respuesta del futuro papa
Francisco.
En el libro Iglesia y dictadura,
Emilio Mignone señalaba que fue la personalidad del sacerdote lo que lo hizo
conocido y lo transformó en una “suerte
de paradigma clérigo fascista identificado con las Fuerzas Armadas y
colaborador de la represión ilegal”. Von Wernich era miembro de una
acaudalada familia de Concordia, nació en San Isidro en 1938. Al parecer, su
ordenación sacerdotal fue toda una sorpresa. El hombre decía a sus amigos que
había optado por ser cura porque es una profesión en la cual se trabaja los
domingos y se descansa el resto de la semana.
Von Wernich fue designado en 1976,
por el general Ramón Camps, oficial subinspector de la Policía Bonaerense, para
desempeñarse como capellán y su confesor.
“Como soy de Concordia el general Camps
me conocía de chico, ya que él es de Paraná. Por eso y de acuerdo con monseñor Plaza,
llegué a ser cura de confianza para muchas cosas en la lucha contra la
subversión”, afirmó en un reportaje. En otra declaración el prelado se refirió
a la detención del periodista Jacobo Timerman: “Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce, vaya y
pase… ¡pero cómo se le iba a ocurrir torturar a un periodista sobre el cual
hubo una constante y decisiva presión mundial… que si no fuera por eso…!”
El sacerdote recelando de su suerte trató
de conmover al tribunal: “En dos mil años
de historia, ningún sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana violó
los sacramentos. Si queremos llegar a la verdad, hagámoslo con paz”, llegó
a decir en el juicio.
Finalmente el 9 de octubre de 2007
fue condenado a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos
durante la última dictadura: 7 homicidios, 31 torturas y 42 privaciones de
libertad. Hace 15 años cumple su pena en el penal de Marcos Paz.
Sin dudas la dimensión religiosa del Terrorismo
de Estado estuvo presente en cada una de las fases que desembocaron en la noche
más oscura de nuestra historia. La jerarquía de la iglesia convenciendo de la
peligrosidad ideológica y material del “enemigo subversivo”, acentuando las
ideas de “crisis moral” y “guerra justa”, instigando a las fuerzas armadas a la
toma del poder, acompañando su accionar represivo, avalando a través de la
mística religiosa los métodos clandestinos o instando a los detenidos a la
delación.
Entre 1975 y 1982 fueron 400 los
capellanes que poblaron cuarteles de todo el país y al menos 102 sacerdotes
cumplieron tareas en unidades donde funcionaron centros clandestinos.
Von Wernich, es ni más ni menos que
un símbolo de esa política.
Bien haría en meditar desde Marcos
Paz sobre las palabras del Génesis: “Ahora,
pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano
la sangre de tu hermano”.
¡Maldito seas!
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