Héber
Osmar Coitiño Cebey
El Terrorismo de Estado fue la característica principal de
la última dictadura en Argentina. ¿Por qué lo afirmamos con tanta seguridad? Es
que ese modus operandis fue lo que ratificó la justicia en los juicios contra
las juntas militares que condenaron a cadena perpetua a los máximos
responsables.
Todo estaba bajo la práctica criminal, no se podía denunciar
ningún hecho delictivo, secuestro u homicidio, todos los estamentos del estado
estaban comandados para aplicar el terror. Si ibas a la comisaría te podías
encontrar a quienes llevaron adelante el delito, si lo hacías en algún tribunal
te cajoneaban la demanda y si algún jurista tomaba el caso y actuaba como
corresponde, lo más probable era que pague con su integridad física.
El pueblo argentino estaba ajeno a la dimensión que
conllevaba el plan siniestro de la dictadura, pero conocía algunos casos que
les tocaban más o menos cerca, como para ser atrapado por el miedo que
pretendían imponer con el fin de paralizar a toda la sociedad.
Puedo recordar siendo un niño de 6 o 7 años los gritos de la
madrugada que me despertaron cuando se llevaban a un vecino, que varios años
después me enteré era delegado de la fábrica de vidrios Cristalux en Gerli,
puedo recordar que en la guardería que concurría ingresaron varias veces a
robar, ésta estaba a cargo de un sacerdote rebelde a los ojos de quienes
gobernaban el país, el padre Vicente Re.
Estos hechos que recuerdo en mi experiencia personal,
acompañada del temor que tenía mi madre hasta que mi hermano mayor, aun adolescente,
no llegaba de trabajar de la pizzería a la madrugada, solo es una pequeña
muestra de lo que ocurría en un Cláypole, más parecido a un pueblo que a una
ciudad.
Barrio El Trébol
En ese Cláypole paseaban los tanques militares por los
barrios o transitaban frecuentemente en caravanas con camiones verde oliva por
la ruta 4. Uno de los barrios más visitados por estas incursiones fue “El
Trébol”, era un barrio muy humilde y montonero. Allí la organización
político militar tenía desarrollado el trabajo territorial, realizaban peñas,
jornadas festivas por el día de la niñez o conseguían “donaciones” de los
camiones asaltados a las grandes empresas. Todavía se recuerda cuando hacían
cola para llevarse latas de dulce de batata y otros productos que repartían para
el barrio.
Tenemos la información chequeada que de ese barrio fueron
desaparecidas varias personas, el “loco” Orlando Bastarrica, Miguel Ángel
Romero, Julio Godoy (16 años) y Julio Arena (18 años).
El tucumano Bastarrica tenía 31 años y fue asesinado en el
arroyo San Francisco al intentar huir cuando cayó un allanamiento de militares
e integrantes de la comisaría 6ta de Cláypole, su cuerpo fue enterrado como NN
en el cementerio municipal del distrito de Alte. Brown.
Romero y Godoy eran primos, Ana Romero, hermana del primero
cuenta que su casa fue requisada en varias oportunidades buscando a su hermano
que estaba en la clandestinidad; ella apenas adolescente fue abusada y el resto
golpeados en esas incursiones. Miguel Ángel y Julio permanecen desaparecidos.
Una noche mientras esperaba en la parada del colectivo 160 a
su madre que llegase de trabajar de empleada doméstica, Julio Arena fue
secuestrado y desaparecido hasta que pasado el mes fue encontrado asesinado en
un descampado de San Vicente.
En el Barrio se recuerda, como lo cuentan en las entrevistas
de familiares y vecinos, la denodada participación en la búsqueda de solución
de las necesidades vecinales. Copa de leche, festivales para recaudar fondos,
campeonatos de fútbol, construcción de puentes sobre el arroyo San Francisco,
veredas, etc.
El Trébol es un barrio que surgió de un loteo en la década
de 1950, habitado principalmente con migración interna y de países limítrofes.
Familias trabajadoras que buscaban una mejor calidad de vida y se organizaban
para ello.
Barrio Don Orione
Sobre la ruta 4, la Monteverde, a la altura de la curva una
supuesta fábrica de tornillos encubría la construcción de un túnel que
conectaba a la red de túneles que recorren el distrito, una experiencia que
implementaron a partir de la suma de tupamaros que se escaparon de la dictadura
uruguaya que se inició en 1973.
En el túnel armaron un polígono, antes de llegar al
descender por la escalerita, había un descanso en el cual un pequeño escritorio
con una silla, estaba acompañado de una estrella con las siglas del ERP sobre
la pared. Podemos suponer que esta “tatutera” era, además de ser utilizada para
la práctica de tiro, una vía de escape ante un posible allanamiento.
El lugar fue destruido el 9 de diciembre 1975 por las
fuerzas militares, reducido a escombros, se llevaron a les militantes que
encontraron, pero no poseemos información de cuántos eran, ni sus nombres.
Verónica Ríos
Barrio Mariano Moreno
Cerca de allí, a diez cuadras, enfrente del Camping
Los Gráficos, vivían Humberto Pedregosa y su compañera Andrea Justina Carrizo
Zelarrayan, alias Tina; ambos oriundos de Tucumán, Tina era de Tafi Viejo. Se
conocieron militando en el PRT ERP.
Ella era ama de casa y trabajaba como empleada doméstica en
la casa de una familia vinculada a altos mandos militares, cumpliendo un rol
fundamental como informante. Humberto se encontraba en Tucumán, en la compañía
de monte cuando en febrero de 1976 será secuestrada en su casa.
Fue vista en el centro clandestino de detención Miguel de
Azcuénaga en la provincia de Tucumán, sus restos fueron hallados en julio de
2013 en la fosa común “Pozo de Vargas”.
https://www.blogger.com/profile/00558317847442264389 BLOG "CON NOMBRE Y MILITANCIA", más información sobre estos casos.
La casa de la calle
Alcorta
El 20 de abril de 1978 a las dos de la mañana el ejército
irrumpe violentamente en una casa de la calle Alcorta, allí vivían Marta Beatriz Severo Barreto
junto a su marido Hugo Martínez, su hija Verónica, que entonces tenía 45 días
de nacida, y el hermano de Marta, Carlos de 16 años, en el momento del ataque
se encontraba de visita Rosa Álvarez, tía de Marta.
Estuvieron dos horas
en la casa destruyendo todo lo que podían, una mujer que formaba parte del
grupo de tareas le prepara la mamadera a
la beba.
Se los llevan a todos encapuchados. Verónica es dejada en la
casa de una vecina, quien avisa a la madre de Marta lo sucedido, y va en busca
de su nieta, la rapidez con que llegó a buscarla evito, que al otro día la niña
fuera secuestrada, ya que volvieron por ella.
Rosa es liberada después de 23 días de haber estado detenida
desaparecida en el CCD pozo de Quilmes.
La familia Severo Barreto - Martínez era oriunda de Uruguay,
de Bella Unión, allí los Severo Barreto eran parte de una numerosa familia de
cañeros que participaban activamente en las luchas sindicales, denunciando la
explotación a la que eran sometidos los trabajadores rurales.
Marta Beatriz creció en un clima de lucha y aprendió de
pequeña a aborrecer la injusticia. Era una muchacha alegre, siempre estaba
riendo, cuenta su hermana Matilde.
Su hermano Ari Severo será apresado a los 15 años, allí en la cárcel conoce a Hugo Martínez, un
joven estudiante de agronomía que
militaba en Tupamaros, encarcelado por repartir volantes. En la cárcel Marta
que iba acompañando a su madre a visitar a su hermano conoce a Hugo.
La situación en Uruguay era complicada para los militantes,
por eso deciden venir a la Argentina en enero de 1974, aquí entran en contacto
con el ERP.
Aquí el brazo de la dictadura finalmente los alcanzaría en
la localidad de Cláypole cuatro años después.
El 24 de abril de 1978 también será secuestrado Ari Barreto.
Se cree que la familia
fue trasladada en el tercer vuelo de la muerte el 20 de mayo de 1978.
Barrio Horizonte
En el Barrio Horizonte, detrás de la Secundaria 8, hay una
casa señalizada. De esa casa fueron secuestrados y desaparecidos Lucia del
Valle Lozada Giménez, Lucinda Delfina Juárez Robles con su hijo Ariel Sebastián
Juárez de 3 años y el matrimonio
compuesto por Sara Ayala y Pedro Morel junto a su hija Viviana de tan solo un
año y 1 mes.
Lucia del Valle Lozada era una médica tucumana de 22 años,
militante del PRT - ERP, fue parte de la Compañía de Monte donde conoció a
Humberto Pedregosa, quien había perdido a su compañera en manos de la triple A.
En noviembre de 1975 alquila una casa en Cláypole para
resguardarse de la persecución estatal.
A esa misma casa llegarán Lucinda Delfina Juárez Robles con
su pequeño hijo.
Lucinda, también militante del PRT, vivía en Córdoba con su
compañero Carlos con quién tenían un niño.
Carlos es secuestrado en 1977 por las fuerzas
represivas en Pergamino provincia de
Buenos Aires, Lucinda huye con su pequeño a la casa de Barrio Horizonte.
Los Morel Ayala eran oriundos de Formosa, tuvieron que huir
de allí porque eran buscados por el ejército. Pedro era secretario general del
gremio de judiciales y ambos militaban en el PRT pasaron a Goya donde formaron
parte de las Ligas Agrarias.
El 12 de mayo de 1977
finalmente llegan a la casa del Barrio
Horizonte en Cláypole, como se hizo tarde se quedaron a dormir.
En la madrugada del 13 de mayo de 1977, aproximadamente a
las tres de la mañana un grupo del ejército con uniformes verdes oliva
ametrallan el frente de la casa e
irrumpen violentamente destrozando todo lo que podían.
Lucinda descansaba junto a su hijo; en la habitación
contigua estaban Sara, Pedro y su beba.
Los pequeños Sebastián y Viviana serán dejados en la casa de
unos vecinos.
Durante horas se escuchó en el barrio como Lucia, Lucinda,
Sara y Pedro fueron torturados, hasta que los sacaron en bolsas y cargados en
un camión del ejército.
Lucinda fue vista en
el Regimiento 9 de Infantería de Corrientes, y en el Regimiento 29 de
Infantería de Monte de la provincia de Formosa.
Aún continúa desaparecida.
Ariel Sebastián Juárez y Mabel Viviana Morel son entregados
al juzgado de la reaccionaria
doctora Marta Delia Pons, jueza de
menores de Lomas de Zamora. Viviana fue restituida a su abuela materna en
diciembre de 1977 gracias a la ayuda de los vecinos que la habían cuidado y la
insistencia de sus abuelos. Ariel tuvo que esperar 7 años para reencontrarse
con su familia a pesar de que llevaba una medallita con sus datos. La jueza
Pons hizo todo lo que pudo para evitar que los niños vuelvan con sus familias,
a pesar de conocer su verdadera identidad.
Lucia tenía 27 años cuando fue secuestrada, y llevaba en su
vientre un embarazo de dos o tres meses, un bebé buscado según su compañero. Su
hijo debió nacer entre noviembre y diciembre de 1977.
Luego del operativo en el que secuestraron a Lucia no se
supo nada ni de ella ni de su bebé.
Pedro y Sara fueron vistos por última vez en la Brigada de
investigaciones de Resistencia.
El trato que recibió
Sara Ayala fue tan brutal, que su caso fue testigo para declarar los
ataques sexuales como forma de tortura.
Sara cursaba 5 meses de embarazo cuando fue secuestrada.
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