Jorge Montero
El 15 de septiembre de 1975, en la plaza de la Copa (hoy Vicente Re) de Claypole, era asesinado CARLOS ALBERTO CARRIL FALCONE.
Carlitos tenía
21 años, era obrero metalúrgico y militaba en el PRT-ERP.
Al mismo tiempo que su ejecución por la espalda, los verdugos de la bonaerense
detenían a su compañera Ramona Albornoz, presa política hasta su liberación en
diciembre de 1982. Eran los últimos estertores del gobierno de María Estela
Martínez de Perón y sus cómplices, de los crímenes de la triple A, de los decretos de aniquilamiento
de la guerrilla… preanuncio del genocidio por venir.
Hoy cuando han
pasado más de cincuenta años de la caída de Carlos Carril, convendría traer de
la memoria que trabajadores/as, estudiantes, revolucionarios/as, no fuimos perseguidos,
asesinados, torturados, encarcelados, desaparecidos, exiliados…por nuestros
errores que seguramente fueron muchos, sino por los aciertos, que tal vez
fueron muy pocos. O al menos uno: que la crisis del capital en nuestro país
conducía a la barbarie, y la única alternativa para modificar radicalmente la
situación de nuestra clase y nuestro pueblo era la lucha por el cambio de
sociedad… por el socialismo.
Pero nada es fatal ni definitivo en la historia. Evocar los esfuerzos heroicos de esas mujeres y hombres es también comenzar decididamente a encontrar los caminos unitarios que permitan organizarnos como pueblo y como clase explotada, porque la prolongación de la crisis argentina y mundial, sin vista de resolución, exige hoy más que en aquellos días terribles, que nos propongamos, como hicieron revolucionarios de otras generaciones -utilizando la expresión de Carlos Marx- tomar el cielo por asalto.
Jorge Montero
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