martes, 10 de marzo de 2026

50 AÑOS DEL GOLPE EN QUILMES

                                                                                             R. Horacio Monzón

"Me despertaron los gritos y los golpes en la puerta de la casilla"

 


Las luces de las avenidas camino Gral. Belgrano por el oeste y Calchaquí por el este, por contraste, hacían más fantasmal las penumbras que envolvían las pocas casas y el cerco de árboles que rodeaba la casaquinta, que ocupa un cuarto de manzana. Las figuras se movían sigilosamente amparadas por la oscuridad de la noche. Rodearon en silencio la casilla, ubicada en la calle "cortada" por  la casaquinta, que dividía en dos el nuevo loteo de terrenos, donde se erigían algunas pocas casas, de los vecinos que despaciosamente se asentaban en él. Esa noche dormía junto a mi compañera, "La Negrita". Al lado de la cama matrimonial, la cuna donde descansaba plácidamente nuestro hijo Marcelo, de tan solo un año de edad. La noche discurría en silencio. En un barrio de calles de tierra, no había ruidos de tránsito. Solo se podía oír un rumor de motor cuando pasaba algún colectivo por la avenida más cercana, avenida Calchaquí, que corre de norte a sur, cruzando el partido de Quilmes.

Al barrio "El Socorro", le da el nombre, la antigua iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, (antigua porque consiguió su erección canónica en noviembre de año 1941). Ubicada en la intersección de las avenidas Calchaquí y Francia, donde todavía está ubicada la casilla que ocupábamos en familia.

Un barrio de trabajadores cerca de la avenida. Pero olvidado del progreso. Es allí donde con la Negra encontramos la oportunidad de comprar en cuotas, un pedazo de tierra. Me despertaron los gritos y los golpes en la puerta de la casilla. Como todas las noches dormía profundamente después de un ajetreado día. Repartía mi tiempo entre el trabajo y la militancia. Militaba en "JTP" (Juventud Trabajadora Peronista) con los compañeros metalúrgicos, aun después de renunciar a los Talleres Metalúrgicos Adabor. Renuncié en febrero. Se aunaron problemas personales con los rumores de "golpe". En la metalúrgica me desempeñaba como oficial rectificador. Fui a trabajar a una curtiembre donde ya trabajaba "Guille", Guillermo había aparecido en la casilla con una muda de ropa y una bolsa de dormir, diciéndome que se venía a militar a Quilmes. Era de Palermo, hijo del contador de la metalúrgica en la cual yo trabajaba y donde nos conocimos. Al poco tiempo se integró al ejercito Montonero. Recuerdo que "Paco" (Néstor De Vicente) que era oficial, lo nombra cabo en una estación de servicio. El grupo estaba compuesto por "Burrito" trabajaba en Metalsina, "Fierrito" de Senna. El sobrenombre se lo ganó cuando agarro un fierro y se "reventó" un dedo, lo estaban por cesantear por activista pero por convenio estando accidentado, no lo pudieron hacer. "Camporita" de la fábrica Johnson y "Willy" que trabajaba en Faraday, el responsable del grupo era "El Colorado de Solano". Esa noche estuve hojeando el nuevo número de Evita Montonera antes de dormir. Era costumbre, desde chico le quitaba un poco de tiempo al sueño y leía algo, fue la forma de instruirme trabajaba desde los nueve años, pero al terminar sexto grado tuve que ir a trabajar tiempo completo. No pude hacer el secundario.

CONOCE AL ENEMIGO Y CONÓCETE A VOS MISMO. (Rezaba el título de la nota).

Comencé a leer: En la frase del título está contenido el conocido consejo de Sun Tzu, para "librar cien batallas sin conocer la derrota" Pero seguir ese consejo cuando las fuerzas enfrentadas no son ejércitos convencionales, sino clases sociales y sus expresiones políticas, económicas y militares, no es cosa fácil. Hay que saber definir la contradicción principal que opera en la realidad y determinar en consecuencia la composición de los dos grandes campos enfrentados (él propio y el enemigo), y de las fuerzas o sectores fluctuantes que conviene ganar o neutralizar. No pude seguir leyendo. Se cerraban mis ojos de sueño. Me dormí pensando que en el día de mañana tendría que comenzar con el reparto de los materiales, que me habían alcanzado para su distribución como encargado de prensa del grupo. Cuanto menos los tuviera en la casilla, mejor. Menos mal que "Guille" escuchando los ruegos de todo el fin de semana, el lunes se había llevado el bolso marinero con todos los "fierros". La "Evita Montonera" quedó arriba de la pequeña mesa de luz, al lado de la lamparita que oficiaba de velador.

― ¡Entrégate “Bigote”!- ¡Perdiste “Bigote”!.

Al son de los gritos arreciaron los golpes en la endeble puerta de chapa. Pegué el salto de la cama y alcance a ponerme los pantalones. Es una característica mía de despertar con los cinco sentidos. Me calcé los "mocasines" y corrí hacia el baño ubicado en el fondo de la pequeña casilla. El baño contaba con una puerta hacia el terreno del fondo, por donde pensé escapar. De pronto sentí que algo me retenía por el cinturón. Volví la cabeza desesperado y oigo a la “Negra” que me dice imperativa:

― ¡No salgas, te van a matar!

La puerta se dobló por la mitad como una hoja de papel, cedió a tantas patadas y saltó la cerradura. Entraron varias personas, cinco o seis. Algunos de ellos con pasamontañas cubriéndoles la cabeza. En segundos estuvieron sobre mí, me tiraron al piso. El contrapiso sin alisado me lastimaba la mejilla. Apretado con manos y rodillas contra el contrapiso me sacaron el cinto y ataron mis manos a la espalda. Los golpes arreciaron de todos lados, levantándome de los pelos un rostro se me puso delante y dijo:

―“Cantá “Bigote”, ¿Dónde están las armas? No mientas sabemos que tenés armas aquí”.

Pensé en el embute del patio donde había escondido a instancia de mi mujer un 22 corto que nos había regalado mi suegra y era más viejo que la escarapela. Pero la “Negra” decía que era comprometedor tenerlo dentro de la casa. Fue solo un instante porque un nuevo golpe me partió el labio. El gusto a sangre inundó mi boca, me escuché decir:

―No tengo armas, señor.

Se oyó una nueva voz, era de un canoso vestido de saco sport que con una mano en el bolsillo de pantalón, dijo:

―No te hagas pegar "al pedo” “Bigote”, cantá y no te va a pasar nada.

Mientras tanto la patota registraba todo. La “Negra” sentada en la cama tenia a nuestro hijo de apenas un año en el regazo, consolándolo para que no llorara. Mientras lo hacía le corría un hilo de sangre por la comisura de la boca, también a ella le pegaron. El de campera de cuero que había preguntado por las armas, se acercó hacia la “Negra” y apoyando el caño de su arma en la cabeza de mi niño, exclamo:

―Te pregunto de nuevo “Bigote", ¿dónde están las armas?, te pregunto por última vez”.

Con un sollozo de impotencia que me desgarraba las entrañas, contesté entre lágrimas:

― ¡No tengo armas, no hay armas aquí!

Alguien grito en el dormitorio,

― ¡Aquí esta, ya lo tenemos!

Agitaba una revista en la mano, era el ejemplar de “Evita Montonera” que había estado leyendo antes de dormir, dejándola en la mesita de luz.

―Vamos― Dijo el de campera de cuero, la "Negrita" alcanzó un “pullover”, la noche de octubre era fresca y se dio cuenta que solo vestía una remera. Uno de ellos me colocó el pullover en la cabeza atando las mangas alrededor del cuello, me sacaron a empujones. Me subieron a la parte de atrás de un auto y partimos con rumbo desconocido.

Parte 2 del libro “El Chupadero de Malvinas” R. Horacio Monzón

R. Horacio Monzón



Nació en Sabá Z. Hernández. Nogoyá. Entre Ríos. Trabajador metalúrgico, militó en la Juventud Trabajadora Peronista- Montoneros. Sobreviviente  del Chupadero Malvinas hoy llamado Pozo de Quilmes.  Trabajador por cuenta propia 1977—1983. 1984 participa en la recuperación de la seccional de la UOM. Quilmes, por Francisco “Barba” Gutiérrez.  En el año 1987 integra la cooperativa de trabajo Gral. Mosconi. Fábrica recuperada por la UOM. Cofundador y primer presidente de FE.COO.TRA. Federación  de Cooperativas de Trabajo de la prov. de Bs. As. 1988—2000. Monta un taller de chapa y pintura en 2001—2006. En el 2007, Director de Memoria y Justicia en la sub secretaria de DD.HH. de Quilmes

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